sábado, 1 de junio de 2013

Celebración

CHRISTIAN: El primer brindis he de proponerlo yo, ¿verdad? Pero antes me gustaría leer un discurso. Tengo dos opciones, papá, tengo uno verde y uno amarillo. Debes elegir tú papá.
HELGE: El verde.
CHRISTIAN: Reconozco que es el más interesante. Podríamos decir que es el cuento de la verdad, y se podría titular: "Cuando papá se bañaba". Yo era pequeño cuando vinimos a vivir aquí, y me atrevo a decir que mi vida cambió por completo. Teníamos todo el espacio que podíamos desear, y armábamos todo el barullo que podíamos en ese espacio. Por ejemplo, la sala donde estamos comiendo ahora era un restaurante, y recuerdo cuántas veces mi pobre hermana Linda y yo nos dedicábamos a colocar cosas en la comida de algunos clientes sin que los camareros se dieran cuenta. Luego ella era incapaz de aguantarse la risa cuando ya estábamos escondidos. Tenía la risa más contagiosa que os podáis imaginar. Y a los dos segundos ya estábamos los dos riéndonos a mandíbula batiente. Y claro, nos descubrían, pero nunca nos hacían nada. Era mucho peor cuando papá se bañaba, más inquietante. No sé si lo recordaréis, pero papá siempre estaba bañándose, y siempre que lo iba a hacer, nos cogía a Linda y a mí y nos llevaba con él a su despacho en el que antes de su baño mi padre echaba un cerrojito, cerraba las cortinas, y encendía una lamparita, y entonces se quitaba la ropa, y nos decía que hiciésemos lo mismo. Luego nos tumbaba en un sofá de color verde que ya no existe y nos violaba. Utilizaba sexualmente a sus hijos pequeños. Hace un par de meses, cuando mi hermana murió, comprendí que Helge era un hombre muy limpio con tanto baño, así que tenía que compartirlo con el resto de la familia, ya que se bañaba en verano y en invierno, por la mañana, por la tarde, por la noche. Mi padre es un hombre muy pulcro, ya era hora de que lo supierais, porque hoy celebramos el sexagésimo cumpleaños del rey de la bañera.

 
 
Tu padre en su vida sólo ha tenido un dilema: tu hermana o tú. Un comienzo de discurso brillante, dos opciones, como tu padre. - Kim


ELSE: Mi querido Christian, siempre has sido algo especial. Tenía tanta creatividad, ¡qué historias contaba cuando era pequeño! Yo estaba segura de que ibas a ser un gran escritor, un novelista de talla internacional. Cuando era pequeño, Christian tenía un amigo con un curioso nombre, Snud, que, por supuesto, no existía. Pero Snud y Christian eran inseparables, y estaban de acuerdo en todo. Si había alguna cosa que a Snud no le parecía bien, entonces a Christian tampoco, y el que le llevase la contraria ya podía echarse a temblar.
Mi querido Christian, es fundamental aprender a distinguir la realidad de la ficción, y a ti eso siempre te ha resultado muy difícil. Comprendo que es lógico que te enfades con papá, a mí también me ha pasado algunas veces, pero esas cosas se solucionan en privado. Contar historias como la que has contado aquí esta noche, por muy emocionantes que sean, y la tuya ciertamente lo era, es una incongruencia. Christian, creo que la voluntad de Snud estaba contigo esta tarde, y los dos le habéis hecho mucho daño a papá. Por eso creo que deberías levantarte, dejar a Snud sentado donde está, y pedirle disculpas a tu padre. No pasa nada por decir lo que sientes, al contrario Christian, sería lo correcto. Christian, puedes levantarte.
CHRISTIAN: Siento molestaros otra vez. En 1974 tú, mi madre, tuviste la desgracia de entrar en el despacho, y verme a cuatro patas, y a tu querido marido sin pantalones. Siento que me hayas visto así, y que al decirte tu marido que salieras, obedecieses. Siento que seas tan corrupta y tan hipócrita, y espero que te mueras.


A quien encuentre este mensaje, que seguro que es mi hermano o mi hermana, porque vosotros sí que sabéis qué juego me gusta. Vamos sonríe, aunque sea muy triste encontrarme muerta en una bañera llena de agua. Pero para mí no es tan triste. Vosotros habéis sido siempre unos chicos alegres, y sé que lo superareis. Os quiero, os quiero mucho, y creo que no tenéis que pensar sólo en mi. A ti Christian, mi querido hermano, que siempre has estado conmigo, gracias por todo. No quiero involucrarte en todo esto, te quiero demasiado. Y a ti, Helene, y a ti Michael, aunque seas algo tontaina.
Papá ha vuelto a empezar. Ahora me lo hace en sueños, pero yo ya no puedo más. Me voy, que es lo que debería haber hecho antes, y sé que con esto tu vida será mucho más dura y confusa Christian. He pensando llamarte, pero siempre estás ocupado. Sólo quiero decirte que no debes estar triste. Creo que hay luz y belleza en el otro lado, y eso me anima. Por supuesto tengo miedo, miedo porque me voy sin ti. Te querré siempre, Linda. - Helene


HELGE: ¿Es culpa mía que mis hijos sean retrasados mentales?
CHRISTIAN: Sinceramente papá, nunca he podido entender por qué, qué te empujó a hacerlo.
HELGE: Sólo servíais para eso.

  

Celebración, de Thomas Vinterberg

martes, 28 de mayo de 2013

La caza



KLARA: Odio a Lucas.
GRETHE: Creía que erais muy amigos.
KLARA: Ya no lo somos.
GRETHE: ¿por qué no?
KLARA: Es tonto, es feo y tiene pito.
GRETHE: Ya, como todos los hombres, ¿no? Tu papá lo tiene, Torsten lo tiene.
KLARA: Sí, pero el suyo apunta derecho al cielo, como un cipote.
GRETHE: ¿Por qué dices eso?
KLARA: Porque es así.
GRETHE: ¿Ha pasado algo Klara?
KLARA: Me ha dado este corazón pero no lo quiero.
 

OLE: Klara, ¿puedes contarme lo mismo que le contaste a Grethe?
KLARA: No te conté nada.
OLE: ¿Es una cosa que Grethe se está inventando o es una cosa que te has inventado tú?
KLARA: No.
OLE: De acuerdo. Entonces, cuéntamelo a mí. Es algo acerca de que le habías visto la colita a Lucas. A ver si puedes contarme qué hizo Lucas.
KLARA: Quiero salir a jugar.
OLE: ¿Te enseñó la colita aquí, en la escuela? Has asentido. ¿Puedes intentar decirme qué pasó? Grethe me ha dicho que le contaste que estaba apuntando hacia arriba. ¿Su colita estaba apuntando hacia arriba?
KLARA: Creo que sí, no me acuerdo.
OLE: Klara, ¿te da vergüenza hablar de Lucas?
KLARA: Sí.
OLE: ¿Es porque no te gusta lo que hizo?
KLARA: Sí.
OLE: ¿Qué hizo después de enseñarte la colita?
KLARA: No lo sé muy bien.
OLE: ¿Se la tocaste? ¿Recuerdas si salió algo blanco de ella? Bueno tal vez sea suficiente por ahora. Ya puedes salir a jugar.

GRETHE: Desgraciadamente tenemos motivos para creer que los niños han sido expuestos a una conducta indecente en la escuela. Al parecer es bastante probable que uno de los niños haya sufrido abusos por parte de un adulto. Y en teoría puede haber varios casos. Hay muchos síntomas derivados de este tipo de abusos que vosotros podéis detectar. Hacerse pipi, dolores de cabeza, pesadillas. Esta noche hablaremos de todo eso, pero os ruego que leáis antes este folleto en el que se da más detalles sobre el tema.
JOHAN: Grethe, estás haciendo una acusación muy grave.
GRETHE: Sí, pero no hay por qué alarmarse de momento. Estamos siguiendo al pie de la letra el protocolo impuesto por el ayuntamiento, como es natural.
GRETHE: ¿Cómo pudiste hacer una cosa así? ¡Estás enfermo!
LUCAS: ¿Como he podido hacer qué? ¡¿Qué he hecho?!
GRETHE: Creo que hacemos muy mal estando los dos aquí.
LUCAS: Deja que te diga lo que está mal. Has llamado a la madre de Marcus. Debería haber venido hoy y se lo han prohibido por culpa de tu llamada. ¿Qué estará pensando ahora?
GRETHE: Creo a los niños, siempre lo he hecho. No mienten.

KLARA: Él no hizo nada. Fui yo, dije una tontería, y ahora todos en la escuela hablan de eso, dicen muchas cosas.
AGNES: Klara, cariño mío, es un poco difícil de entender, pero puede que tu cabeza prefiera no recordar lo que pasó porque no es agradable, pero sí pasó, y estuvo muy bien que nos lo contaras.

KLARA: Dicen que te has portado mal conmigo.
LUCAS: ¿Tú también lo piensas?
KLARA: No lo sé, la verdad es que no me acuerdo.
LUCAS: ¿Qué se supone que te hice, cariño?
KLARA: No lo sé, no me acuerdo. A los otros niños también.
LUCAS: ¿A los otros niños? ¿A quiénes? Klara, ¿a quién más?
KLARA: Tengo miedo.
LUCAS: Es mejor que vuelvas a casa, Klara.



BRUUN: Por lo visto todos los niños cuentan la misma historia. Parece que describen con detalle vuestro sótano, el papel pintado, el color del sofá, y más cosas. Pero cuando los de la policía fueron a registrar vuestra casa esta mañana, ¿qué descubrieron, Marcus?
MARCUS: Que no tenemos sótano.
BRUUN: Exacto. Es muy corriente que en casos como éste los niños describan detalles de lugares, como vuestro sótano, que no existen. No sé si es obra de su imaginación, cosas que se inventan en el recreo cuando hablan entre ellos, o son cosas que oyen a sus padres o que ven en televisión. Pero la gente siempre da por sentado que los niños dicen la verdad.

KLARA: Hola Lucas. No quería que pasara nada de esto.
THEO: Klara, cariño, no soy Lucas, soy papá.
KLARA: ¿Estás llorando?
THEO: No, es que hay mucha maldad en el mundo, pero si estamos unidos, desaparecerá.
KLARA: ¿Estás muy triste?
THEO: No. Sabes que Lucas es el mejor amigo de papá, hemos montado en moto juntos, hemos robado manzanas, hicimos muchas cosas.
KLARA: Fue una tontería lo que dije. Él no me hizo nada.
THEO: No. Vuélvete a dormir. 


La caza, de Thomas Vinterberg

lunes, 20 de mayo de 2013

Las nieves del Kilimanjaro



Eres como todos los hombres, eres débil. Ahora que no tienes trabajo y que te pasas el día pensando, te das cuenta de que no eres ni Jourès ni Spiderman, no eres más que un pobre viejo prejubilado. - Marie Claire

Te quiero. Te quiero cuando me hablas, y te quiero cuando callas, te quiero cuando gritas, te quiero cuando susurras, y cuando lloras, y cuando ríes. Te quería ayer, y te quiero hoy.

MARIE CLAIRE: Aprende inglés, en Tanzania hablan inglés.
MICHEL: El inglés es lo que hablan los colonos. Pero yo no soy colonialista. Voy a comprar un diccionario de suajili, y hablaremos suajili.
MARIE CLAIRE: Fueron los alemanes los que colonizaron Tanzania.

 MICHEL: Me pregunto qué habríamos pensado si nos hubiéramos visto sentados así en una terraza, tomando una copa al atardecer. ¿Qué habríamos pensado de nosotros? Imagínatelo, hace 30 años. Vamos por la calle y levantamos la cabeza, y vemos a dos cincuentones apacibles. ¿Qué habríamos pensado de ellos?
MARIE CLAIRE: Que eran unos pequeños burgueses.
MICHEL: Somos burgueses. Vamos a la playa los domingos, somos propietarios, vemos la televisión…
MARIE CLAIRE: Somos burgueses pero, no demasiado. No, yo creo que habríamos dicho… parecen felices. Habríamos dicho, para poder parecer felices nunca han podido hacer sufrir a nadie. Nunca han podido ser indiferentes a los demás.

MICHEL: Ha sido una tontería. No pinta nada en la cárcel, tenemos que retirar la denuncia.
RAOUL: ¡¿Qué?!
MICHEL: Pero es un obrero como nosotros.
RAOUL: ¿Como nosotros? ¿Acaso tú también has atracado a gente? ¿Tú has entrado en casa de gente para zurrarla, para robar?
MICHEL: No, pero pueden caerle 15 años.
RAOUL: ¡Qué pena, 15 años! Date con un canto en los dientes y le caen 2. ¡Y aunque sean 15! Para mí no son suficientes.
MICHEL: Todos hemos hecho tonterías ¿no?
RAOUL: Deja de compararme con él, yo me he matado a trabajar desde los 14 años.
MICHEL: Eso no tiene nada que ver.
RAOUL: Michel, mierda déjalo, cállate. Si le caen 15 años mejor, me alegraré. Lo que me cabrea es que ese tío vivirá a nuestra costa. Le pagaremos el alojamiento y la comida, éso me cabrea. Yo a ese tipo de tíos los pondría a currar durante 15 años picando piedras o lo que se me ocurriera, no delante de la televisión al abrigo del frío y del calor preguntándose qué putadas harán cuando salgan. ¡¿Qué?! ¿No te gusta? ¿Por qué me miras así? ¿Te decepciono? ¡Pues es lo que hay!

Si se apuesta por un caballo se tiene la posibilidad de ganar, pero con las personas… - Comisario
MARIE CLAIRE: ¿Sabe lo que le ha pasado a su hijo Christophe? Y, bueno, Jules y Martin son aún muy pequeños...
MADRE DE CHRISTOPHE: Ya me lo temía, es asistente social.
MARIE CLAIRE: No.
MADRE DE CHRISTOPHE: Claro, a esta hora las asistentes sociales se echan la siesta. ¿No? Perdone, tengo prisa.
MARIE CLAIRE: ¿Se va mucho tiempo? ¿Deja solos a los niños? ¿Sabe cuánto puede caerle? ¡15 años!
MADRE DE CHRISTOPHE: Prefiero no saberlo.
MARIE CLAIRE: ¡Y se marcha! Es repugnante.
MADRE DE CHRISTOPHE: ¿Es repugnante? ¿Ha venido a insultarme? Tuve hijos porque mis maridos los querían. ¿Y dónde están ahora mis maridos? ¿Debo encargarme yo de ellos? Se largan, te dejan a los hijos y gracias. Tenía 16 años cuando tuve a Christophe y él tenía 6 años cuando su padre se largó sin más. Durante 5 años no hubo un hombre en casa. 5 años joder, mucho tiempo ¿no? Y el siguiente me hizo parir dos y se largó también. No he cumplido los 40 señora, y si me ve en pelotas aparento 30. No se me nota, nadie se creería que ya he parido tres hijos. Y en el barco hay un tío que me buscó este trabajo, vamos y venimos, es una travesía de 3 días. A él le gusto señora, y eso no tiene precio. ¿Le digo que tengo tres hijos y que el mayor tiene 22 años? ¡No! Digo que es mi hermano. No soy una madre, nunca lo he sido. Nadie se folla a las madres. Nadie.
Incluso en las luchas los patronos nos dividen. – Marie Claire
Gilles dice que habéis cambiado los billetes de avión y que eso no se hace. Así que nosotros hemos venido a deciros que sí se hace. – Raoul.
 
 Las nieves del Kilimanjaro, de Robert Guédiguian

miércoles, 9 de enero de 2013

Gritos silenciosos

Ahora tengo muy claro quién fue el culpable, pero durante años he pensado con odio en ese fotógrafo desconocido que le vendió al destino la batuta para dirigir mi vida por derroteros de sufrimiento. – Paula

En fin, de nada sirve lamentarse ahora que la vida está vivida. – Paula


Me quedo desnuda, físicamente desnuda y psicológicamente mucho más desnuda, sin ropa, sin pertenencias, sin dignidad, sin esperanza. – Paula


Entonces ya había aprendido algo espeluznante: que cuando pensaba que había tocado fondo, que no podía ocurrirme nada peor, me equivocaba. Ya había experimentado el intenso deseo de morirme. Ahora ni siquiera eso me era dado. No podía desear morirme porque estaba embarazada. – Paula


Y así, por un golpe de fortuna, porque la bolita cayó en el veintisiete, impar y pasa, y no en ningún otro número, mi hija está viva y yo posiblemente también. – Paula


Yo vivía sumergida en el fluido del pánico y había desarrollado branquias para poder respirar en él, en lugar de revelarme y lograr salir de la pecera. – Paula


Si las normas que él imponía hubieran sido igual de duras pero constantes y sujetas a una lógica, por lo menos yo me habría podido manejar mejor: era como jugar al ajedrez contra alguien que moviera su caballo como una torre cuando le viniera en gana. - Paula 


Afortunadamente, nunca es tarde para amar. – Paula


El hacer que me arrepintiera de lo que había deseado era una táctica común en él. – Paula


Hay cosas a las que una persona no puede ni debe acostumbrarse. – Paula


Se daba la triste paradoja de que cada vez que Carolina volvía con nosotros, yo me sentía egoísta, pues sabía que estaba más segura con mis padres, en tanto que mis padres pensarían que era una egoísta cada vez que se la dejaba a ellos. – Paula


Señora, aunque usted meta las sábanas en la lavadora, limpie las manchas de la moqueta y tire las almohadas para comprar otras nuevas, siempre quedan restos de sangre y, cuando tengo que limpiarlos, se me rompe el corazón; aunque la casa es grande, yo oigo los gritos y los golpes del señor y muchas noches no paro de llorar por lo que usted tiene que sufrir, y de verdad, señora, yo no puedo aguantar más esta situación. – Isabel


Muchas veces preferimos contar nuestras intimidades a un desconocido que a nuestra amiga más cercana. – Paula


Además, con una vida como la que llevaba, cualquier cambio solía ser bien recibido por mí, porque aunque había comprobado que siempre se podía ir a peor, lo cierto es que el presente era tan nefasto que prefería no mantenerlo y arriesgarme a lo venidero. – Paula


Me sentía tratada como persona, lo que para mí era más que mucho. – Paula


Dime de qué presumes y ti diré de qué careces. – Paula


Empezaba a creerme mi propia felicidad, que la apreciaba como el que está perdido en el desierto aprecia el agua, como el náufrago la tierra firme, como el soldado la paz que termina con una guerra; pero en este último símil podemos encontrar una sombra: no siempre el soldado es feliz en la paz. Para algunos, la guerra ha supuesto una forma de vida, y son incapaces de acostumbrarse a una nueva sociedad donde las armas no detentan el poder, donde la violencia no es la razón. No quiero decir con ello que yo no me acostumbrara a la paz en mi hogar; yo no había luchado, no era soldado, sino inocente víctima civil. – Paula


Como si me hubiera librado de una pesada carga que hubiera llevado toda mi vida, me sentía ligera; como si me hubiera curado milagrosamente de una incurable enfermedad de nacimiento, me sentía sana y con energía; como si me hubiera despertado de una terrible pesadilla, me sentía aliviada pensando que el pasado no era sino un mal sueño. – Paula


Hijos, muchos hijos, y un rastro imborrable de luz dejaremos si sacrificamos el egoísmo de la carne. – Josemaría Escrivá


Entonces empecé a pensar que estaba malgastando mi existencia sin hacer nada más que sobrevivir. – Paula


Ellas no hace falta que sean sabias, basta con que sean discretas. – Josemaría Escrivá


Su mujer no era más que una pieza de la maquinaria de representación que le llevaría a realizar sus desmedidas ambiciones, un cuerpo con el que saciar su apetito sexual, una secretaria que le organizaba su hogar, un despertador que lograba arrancarle de la cama para que acudiera a trabajar y una válvula de escape con quien pagaba sus complejos y frustraciones. – Paula


Me gustaría dormirme y despertarme feliz o no despertarme nunca. – Paula


SAN PER: Quien juega conmigo siempre pierde. Es la propina del camarero, a no ser que quieras quitársela para poder poner gasolina al coche o para poder cenar hoy.
PAULA: Gracias, pero se las dejo al camarero, aunque seguramente las necesite yo más que él, pero ya estoy decidida a no permitir que me humilles más, se han acabado los malos tratos, olvídate de mí para siempre, excepto para pagar la pensión de los niños y las cochinas cincuenta mil pesetas que te obliga durante dos meses el injusto convenio que has firmado y que yo firmé únicamente para librarme de alguien tan espantoso como tú, así que deja de hacerme la vida imposible y, por favor, explícales a los niños por qué no me dejas que esté con ellos, pero diles la verdad, aunque ya sé que esperar que digas una sola verdad es ser demasiado optimista, porque tú te crees perfecto, pero en realidad no eres más que una mierda.
SAN PER: ¡Repíteme lo que has dicho, si te atreves! ¡Vuelve a decirme algo así y te cruzo la cara!
PAULA: ¿Me vas a pegar más? ¿Me vas a pegar otra vez, cobarde? Porque eres un cobarde, ¿lo sabes? Sólo eres capaz de pegar a una mujer; estoy segura de que ante un hombre habría que ponerte Dodotis.

Le aclaré al padre Joaquín que mi marido me había pegado y me hizo ver que ya estaba informado de ello, que él mismo le había confesado que se había dejado llevar por un pronto y me había dado una bofetada, y añadió que en lugar de huir como había hecho, mi obligación de cristiana era poner la otra mejilla. – Paula


Yo tenía ahora un arma muy potente: había perdido la vergüenza. - Paula



 
Gritos silenciosos, de Paula Zubiaur

domingo, 6 de enero de 2013

El velo pintado


Esa idea de que una mujer debe casarse con el primer hombre que aparezca sin tener en cuenta sus sentimientos es simplemente prehistórica. - Kitty

Lo siento, yo me he acostumbrado a no hablar salvo que tenga algo que decir. - Walter


La vendieron como esclava, está condenada a una vida de tedio y desesperanza en una tierra extraña y remota. ¿Ve las cadenas? Representan la pesada carga de su pobre alma presa de la que no puede escapar. Por eso llora. Llora por la alegre y vivaz muchacha que fue antaño, la mujer solitaria en la que se ha convertido y sobre todo, llora por el amor que nunca sentirá, por el amor que nunca dará. - Charley



CHARLEY: Las mujeres suelen tener la impresión de que los hombres las aman mucho más de lo que las quieren en realidad.
KITTY: Yo no me engañaría ni un segundo pensando que tú estás enamorado de mí.
CHARLEY: Pues te equivocas.


KITTY: ¿Quieres dejar de castigarme? ¿Tan profundamente me desprecias?
WALTER: No, me desprecio a mí mismo.
KITTY: ¿Por qué?
WALTER: Por haberme permitido amarte.



Yo me enamoré a los 17 años, de Dios. Una niña tonta, con ideas románticas acerca de la vida religiosa. Pero mi amor era apasionado. Con los años mis sentimientos han cambiado: él me ha decepcionado e ignorado, y ahora tenemos una relación de pacífica indiferencia, como un viejo matrimonio que se sientan juntos en el sofá, pero rara vez se hablan. Él sabe que nunca le abandonaré, ése es mi deber. Pero cuando el amor y el deber son uno, hay gracia en tu interior. - Madre Superiora



El velo pinado, de John Curran 

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Buscando un beso a medianoche


Karen,
No sé por dónde empezar... Me parece que fue ayer cuando estábamos en Texas. Me han pasado tantas cosas estos últimos tres meses, y todas malas. Los Ángeles ha sido un fiasco. Un día después de que rompiéramos iba conduciendo y mi coche dio una vuelta de campana. Se separaron las bandas de rodamiento del neumático y perdí el control. Te adjunto la foto: fue surrealista.

Me quedé colgado en la 110 en medio de Arizona con todas mis pertenencias esparcidas por la carretera. Tú estabas en el lado opuesto del mundo y mis amigos a 16 horas hacia el Este y me estaba yendo a vivir a un sitio que había detestado toda mi vida: Los Ángeles. Encima llegué sin coche.

El guión que todos creíamos que iba a vender se fue al carajo porque una noche mientras paseaba con mi hermana me robaron el portátil. Alguien pasó por ahí en bici y se llevó mi ordenador. Qué idiota, lo dejé en el cochecito de mi sobrino un par de minutos.

Desde entonces he estado totalmente depre y al borde del suicidio. Seguro que ya habría acabado con todo si la bañera no estuviera tan asquerosa. No sé qué hago aquí en Los Ángeles. Te echo de menos más de lo que me es posible imaginar. Me bastaría con oír tu voz para que desapareciera toda mi ansiedad, ya que sabría que hay alguien por ahí que aún se preocupa de si estoy vivo o muerto.
(Wilson)


Buscando un beso a medianoche, de Alex Holdridge

miércoles, 29 de agosto de 2012

La fuente de las mujeres

Un día un francés me hizo una pregunta. Dijo "¿cuál fue la época de tu vida en la que fuiste más feliz?". Yo dije: "Hasta que cumplí los 14 años." Todas sabéis por qué dije eso. Simplemente porque a los 14 años me casaron con un hombre. Conocí a mi marido la noche de bodas, porque nunca antes le había visto. Y como os pasó a vosotras, sólo le vi el rostro por la mañana, al abrir la ventana. Porque no le vi por la noche cuando él me violó en la oscuridad. Así que, ¿cuando podría haber sido yo feliz después de haber cumplido los 14? ¿Cuándo? – Carabina

IMÁN: Las mujeres están obligadas a ser obedientes con sus esposos, puesto que el cielo las ha puesto bajo su custodia. Los maridos que sufran la desobediencia de sus esposas, pueden castigarlas, dejarlas solas en sus lechos y hasta golpearlas.
LEILA: Pero imán, el profeta quería que hombres y mujeres fueran iguales, no que hubiera hombres superiores dando órdenes y decidiendo, y mujeres inferiores obedeciendo y procreando. Igualdad no es golpear a las mujeres. Sí, imán, sé leer. Y no sólo el Corán. Y también sé pensar, y eso es algo que en la aldea molesta a muchos hombres. ¿Por qué no se nos puede permitir leer, escribir y pensar? Volveré al Corán: Alá ensalzará a los que crean y también ensalzará a los que se les haya otorgado el conocimiento.






CARABINA: Soy tu madre, ¿por qué he de llevar velo?
HIJO: Porque eres mujer.
CARABINA: La misma que te parió a ti y a tu barba. ¿Por qué he de cubrirme? ¿Por qué he de esconderme? ¿Tengo que taparme porque soy un objeto satánico y lujurioso? Pues si tu padre no hubiera sentido deseo por mí, tú no estarías aquí. Antes se usaba el velo para distinguir a las mujeres respetables de las mujeres que eran esclavas. Una mujer que no llevara velo era considerada una esclava, era considerada una simple posesión. Pero hoy en día ya no hay esclavas, hoy en día las mujeres somos libres. No somos de nadie, ni somos una posesión. Si los hombres desean a las mujeres, es porque ésa es la voluntad de Alá. Pero nunca debéis hacernos esclavas ni debéis taparnos con la intención de reprimir vuestro deseo, ¡cerrad vosotros los ojos! Si queréis reprimir ese deseo y vuestros impulsos satánicos tapad vuestros ojos en vez de nuestras caras.

A veces aquello que es especialmente diminuto resulta ser más majestuoso que aquello que lo empequeñece.


No sé hacia adónde iré, ni la vida que viviré, pero seguro que seré libre, y seguro que encontraré el amor. - Esmeralda



 

La fuente de las mujeres, de Radu Mihaileanu